Meet me where your mind won't kiss me-

" - Bad art is more tragically beautiful than good art 'cause it documents human failure."

jueves, 3 de enero de 2013

Un balance del 2012 que pretendía no serlo.

Normalmente cuando termina el año, siempre hago algún balance por acá, alguna nota en facebook o algo por el estilo. Como todos, bah. Este año no quería que fuera así, porque caí en la cuenta de que me aburre hacerlo y de que también aburre a los demás. A nadie le importa, porque la gente que realmente vivió el 2012 a mi lado, ya lo sabe todo y el resto sólo lo leerían por curiosos. Pero siendo el cuarto día del 2013 y con una mente que no para de maquinar, algo tengo que hacer. Espero que no salga como un balance de lo que fue el año, porque esa no es mi intención. Tampoco hacer algo relacionado solo con lo que fue el 2012, porque todo lo que atraviesa mi mente abarca más que solo ese año. Supongo que para poder darle paso a lo demás, primero tendría que empezar contando de donde, de alguna manera, nació la principal razón por la cual decidí hacer esto. Y eso fue en el 2008, cuando perdí a una de las personas más importantes para mi. Ese fin de año, esas fiestas, y prácticamente todo el último mes, fue un verdadero asco. Pero uno pensaría que es normal, ¿no? Es lógico que cuando uno pierde a un ser querido, el vacío y la tristeza opaquen las buenas cosas del año. Así que básicamente ese año fue una mierda, y más en las fiestas donde todo se trata de la familia y los amigos, de la unión. Pero como si de tradición se tratase, doce meses después, ese sentimiento decidió volver sin razón aparente. Volvió para el fin de año del 2009, donde no recuerdo que fue exactamente lo que pasó. Después volvió para el fin de año del 2010, acompañado de más emociones, en su mayoría decepciones. Volvió también para el 2011, donde tuve la suerte de tener personas que amo para animarme en lo que fue esa navidad que sólo recuerdo sentirme ahogada. Pero este año, no fue así. Por primera vez en cuatro años no me ahogué, no sufrí, no lloré, no sentí que me odiaba, ni odiaba todo a mi alrededor. No me sentí sola. No me encontré a mi misma contando los días para empezar un nuevo año, ni intentando convencerme de esa estupidez de "Año nuevo, vida nueva". Entendí que iba a tener que cambiar el calendario nada más, el verano iba a volver y yo (y todo el mundo) iba a cumplir un año más. Pero que mi vida iba a seguir siendo la misma a menos que yo haga algo al respecto. Entendí que no importa el año que sea, yo voy a seguir llamandome Guadalupe y mis problemas no van a desaparecer porque el calendario cambie. Y me sentí... bien. No sé si fue auténtica felicidad, pero fue alegría. No sé si fue todo por el año que se fue, o si fue porque yo ya aprendí varias lecciones. Siento que el año pasado, sin darme cuenta y de a poco, cambie mucho más que en los anteriores (donde esa era mi meta principal). Ahora me preocupo por todo un poco menos y, aunque no sé si esto está bien o está mal, al parecer me funciona mejor. Disfruto mucho más de mi presente y de las cosas que tengo. Ya no me importa, ni me angustia el pasado. Por fin hay cosas que me dejaron de importar, y gracias a eso le di la importancia que se merecían a otras. Me pude ver a mi misma de otra manera, tuve muchas autocríticas que me ayudaron bastante. Pude ver todo desde una nueva perspectiva. Disfruté más de la soledad, también. Entendí que estar sola no tiene por qué ser siempre razón para reflexionar sobre toda mi vida y llorar, también puede ser para ponerme música a todo volumen y ponerme a cantar o a bailar. La razón para tirarme en los puffs a ver friends o alguna película. O simplemente un buen momento para salir a caminar y poder aclarar mi mente. Aprendí, de alguna forma, a calmarme. A dejar de ser tan impulsiva, a dejar pasar muchas cosas porque ya no tiene sentido pelear y también a defender con más ganas otras cosas. Y así también hay cosas que no cambian más. Sigo sin enamorarme, pero igualmente enamorada del amor. Sigo igual de colgada, de nerviosa y, a pesar de que ya no lloro tanto, sigo siendo una maricona. Ya no abrazo tanto como antes, pero me siento más unida a la gente que quiero. Siento que decidí que no quería ser miserable, porque ahora tengo la teoría de que los otros años me lo busqué yo sola. De que ahora puedo parar de llorar, tomarme un momento para respirar y pensar "No estoy tan mal" y poder buscarle la vuelta a las cosas que me hacen mal. Por fin puedo decir que soy optimista y no sentir que me estoy mintiendo a mi misma. El 31, tomando un helado con mis hermanas, me puse a pensar en lo malo que me había pasado en el 2012 y creo que no podía recordar la mayoría de las cosas. Parece todo un sueño, de esos que sabes de que venían, pero no te podes acordar que pasó. Así que para cerrar lo que terminó siendo un balance (perdón por aburrirlos), podría decir que el 2012 fue un buen año. Vertiginoso y muy raro, pero un buen año en fin. Espero más y mejores cosas del 2013, que hasta ahora está siendo genial. Y estoy casi segura de que, con los dos viajes que se vienen, lo va a seguir siendo. Espero poder seguir disfrutando como lo hago de mi familia, y de mis amigos. Que las personas que están sigan conmigo. Más arte, más amor, más rock y más risas. Espero seguir cambiando, y que llegue fin de año y sentirme como me sentí el 31. Realizada en la mayoría de las cosas, con la gente que quiero tener a mi lado, y extrañamente feliz.

Lo terminé así nomás, ni siquiera lo pude releer porque me tengo que ir pero quería subirlo ahora. De lo contrarío, va a terminar en el borrador y no tengo ganas de que pase eso. En fin, hace tiempo que no escribía tanto, ni sobre mi, ni sobre nada. Y la verdad, es bueno sentir que "volvi". Adiós y aunque ya haya empezado, buen año al que lee.

miércoles, 2 de enero de 2013



(ojalá pudiera despertarme mañana y ser ella.)
Segundos, minutos, horas. De eso no estaba segura. Tan solo un momento de soledad, que parecería durar una eternidad.